Superpoderes y monstruos sublimes – SEGUNDA PARTE – Hulk y Nietzsche.

Si bien Batman ofrece la primera representación del sufrimiento sublimado y la voluntad de poder nietzcheana, en su estética, se sostiene la radical diferencia entre el bien y el mal. El murciélago es un antihéroe que confronta los valores y la ley, pero se mantiene en un código dicotómico cuya línea radica en el asesinato mientras su identidad secreta lo mantiene dentro la ley. La disociación se sostiene en Bruce Wayne separándolo de su parte monstruosa y oscura (Batman) y depositando en los villanos toda la maldad.

Será hasta la era de plata que Stan Lee produzca el primer caso de monstruosidad sublimada y genere personajes cuya bondad o maldad dejan de ser definitorias y polarizadas. La era de Marvel se caracteriza por una estética que transmuta los valores y replantea la fórmula del superhéroe como voluntad de poder.

Bruce Banner será el primer caso de una disociación fallida gracias a la cual el superpoder se libera como fuerza bruta que literalmente destroza el cuerpo creando un nuevo ser: The Hulk. Heredero de Dr. Jekyll y Mr. Hyde, Banner inicialmente busca curarse y domesticar sus instintos. La historia de la editorial muestra cómo Hulk es siempre juzgado como malo por el temor a su fuerza exagerada y su monstruosa apariencia. Sin embargo, su condición evoluciona cuando se le ofrece la posibilidad de abrazar su poder y darle cauce. Tony Stark y Hank Pym aparecen como prójimos que le facilitan a Banner aceptar su monstruo y liberarlo a voluntad. La era Marvel mostrará que el superpoder es voluntad de poder: fuerza que ocurre como acontecimiento, un momento en el cual la tragedia cobra sentido al devenir otra cosa. Cambio de meta que posibilita la potencia. Cambio de objeto con la creación del superhéroe.

La vivencia de dolor que inauguró el psiquismo desde el abismo encuentra su sublimación en el acontecer del superhéroe. Eso que lo atormenta deviene su fuerza. La ira ante la pérdida, el berreo de la horfandad, la necesidad de venganza, son los componentes de todo superpoder. El sufrimiento y la insatisfacción como núcleo de la resistencia que deviene en voluntad de poder. Cambio de meta en tanto no satisface la eliminación del dolor original sino que lo exacerba. Acumulación de presión que conlleva a la elevación del poder. Poder como la exaltación del esfuerzo pulsional, redirigido al Yo construyéndolo por un momento como un nuevo objeto.

Al aplicar el concepto de sublimación al lado obscuro, y ligarlo con la voluntad de poder pretendo anclar la fórmula del superhéroe en la estética del cómic. En el siguiente plano trazaré los casos que ilustran estas conjeturas. El esfuerzo o tensión se observa en el berreo y la ira como signos del sufrimiento psíquico. La meta del lado obscuro es la destrucción del objeto cuya ausencia causa el sufrimiento. Aquí la otredad juzgará La Maldad, pero al interrogarla, se accede al núcleo del sufrimiento que habilita un nuevo devenir. En su sublimación, se construye un nuevo objeto (el superhéroe) que será a la vez la fuente autoerótica que conserva el esfuerzo de la tensión negativa de Lo Mortífero como potencia. Al cultivar ese poder, se acumula la fuerza vital que da sentido a la existencia. La construcción de este superhéroe/antihéroe constituye la sublimación de El Monstruo como manifestación creativa de ese devenir poderoso.

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