Trauma y precariedad en los tiempos del COVID

La pandemia mundial que nos acontece nos enfrenta con una crisis para muchos sin precedentes. Escuchamos noticias o leemos redes sociales que nos advierten constantemente del peligro. La sensación de sentirnos constantemente amenazados suele despertar sentimientos de precariedad, percibirnos indefensos ante la incertidumbre y la impotencia.

 

 

 

 

 

El humano, como cualquier animal, reacciona ante las señales de peligro activando su sistema de alerta. Esto le permite defenderse del peligro a través de dos mecanismos principales: la huida y el ataque.

 

El mecanismo de huida es el más adaptativo. La mejor forma de evitar el peligro es la retirada. En este sentido, el AISLAMIENTO SOCIAL recomendado como medida para evitar el contagio obedece a este mecanismo. La emoción correspondiente a la huída es el miedo. La población que voluntariamente se ha recluido a sus hogares sigue su instinto de supervivencia atendiendo el temor que provoca la información sobre la pandemia y se resguarda esperando que pase el peligro. El aislamiento social y el confinamiento conlleva otros peligros.

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La agresividad es otro mecanismo de defensa ante el peligro. Este se activa cuando el sujeto no ve viable la huida. La emoción que acompaña esta respuesta es la ira. Muchas personas que no pueden quedarse en casa a resguardarse de la amenaza o para quienes el aislamiento social implica un peligro muestran signos de irritabilidad en vez del nerviosismo o la ansiedad que el miedo generalmente provoca.

La combinación del miedo con encierro e incertidumbre provoca un desgaste en la capacidad de residencia. Conforme el tiempo transcurre, si el estado de alerta no disminuye, el sujeto empieza a presentar signos de estrés. Este tiene componentes fisiológicos y psíquicos como respuesta a la prolongada exposición al peligro. Cuando las señales de alarma no disminuyen y el organismo se encuentra atascado sin poder huir o defenderse, comienza a desarrollarse la vivencia de un trauma.

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El trauma psíquico se vive como una herida o ruptura de la mente. Igual que el trauma físico (lesión, fractura u otro tipo de daño corporal), se provoca cuando una condición del medio sobrepasa los mecanismos de protección del organismo. Por ejemplo, una cortadura en la piel se da cuando una superficie filosa sobrepasa la resistencia natural de la piel dejando expuestas las capas inferiores. Esto provoca un sangrado que favorece la limpieza natural de la herido y al coagular se restablece y cierra dejando una cicatriz. El psiquismo funciona igual. El problema con las situaciones traumáticas es que tienden a remover otras heridas (como si uno cortara de nuevo sobre la cicatriz) generando mucha confusión ya que a diferencia de la herida en la piel que es visible, la herida psíquica duele pero no se ve.

La forma mas sana de enfrentar el trauma es a través de la creatividad. Las situaciones límite nos confrontan con la imposibilidad y es importante asumirla pero también utilizar la motivación de los mecanismos adaptativos (el miedo y la ira) para crear soluciones. El miedo nos permite protegernos, la ira defendernos. Estas emociones adecuadamente canalizadas apuntalan la capacidad de resilencia frente al trauma.

Ironman, Batman, Green Arrow, Flash y Hulk son personajes que se vuelven héroes al confrontar sus traumas, canalizar su ira y su miedo transformándolos en superpoderes para vencer la adversidad.

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